miércoles, 7 de septiembre de 2011

INTRODUCCIÓN y modo de preparar las plantas medicinales:




La terapia a través de las plantas o la fitoterapia, no es una novedad. Los egipcios la practicaban ya como puede comprobarse por el papiro de Ebers. Los asirio-babilónicos también la conocían, así como los griegos y los romanos. Los monjes de la Edad Media estudiaban, preparaban y aconsejaban sobre las plantas.



Incluso entre nosotros, todos lo sabemos las personas mayores tenía la costumbre de curarse en casa, sin remilgos, con plantas.

Los viejos herbolarios vuelven a estar de moda. La misma medicina  oficial comienza a ver que las decocciones populares contienen la milagrosa presencia de vitaminas y alcaloides.

Pier Gildo Bianchi, médico jefe y profesor de medicina interna de la Universidad de Milán, declaraba hace ya años al corresponsal de un célebre semanario femenino italiano:

“Actualmente asistimos a una revolución científica de gran envergadura de la fitoterápia, al descubrimiento de las propiedades medicinales que presentan numerosas plantas ignoradas, olvidadas o desdeñadas en provecho de una farmacología mucho más orientada hacía la producción de medicamentos sintéticos…”
Y desde entonces no ha pasado día sin que se siga investigando…

Cuándo ingerimos un cardiotónico o un antibiótico, no hacemos más que tratarnos con derivados vegetales.

Que quede claro que no tengo ninguna intención de sustituir al médico. A él le corresponde el deber de establecer un diagnóstico. Es él el único que debe indicar el tratamiento a seguir. No se trata aquí de oponer una terapia vegetal a una terapéutica química. El problema, si lo hay, radica en combinar ambas. De hecho, como en todas las cosas, es una cuestión de sentido común.

Mességué escribió:

“Al hombre paralizado por un reumatismo articular agudo le diré: “llame pronto a su médico”, pero a aquel que sufre un viejo reumatismo que vuelve periódicamente, le diré: “ Amigo mio, escúcheme, hagamos juntos su examen de conciencia y desandemos, paso a paso, el camino que le condujo hasta aquí”.
Sabias palabras.


Para empezar tengo que explicarte algunos términos que vas a encontrar aquí, al respecto de los usos de las plantas medicinales:



Una decocción es la solución obtenida haciendo hervir plantas en una cacerola cubierta, durante doce a treinta minutos, según los casos, que luego se pasa por un tamiz.

La infusión se prepara vertiendo agua hirviendo sobre plantas picadas, filtrándolas luego.

La cataplasma se hace con una pasta que contiene aceites, almidones, mucílagos, que generalmente se aplican en caliente, sobre la piel.

También son interesantes las maceraciones. Se obtienen dejando las plantas en contacto con agua fría, vino o aceite durante algunas horas, días o a veces varias semanas.

Después está el jarabe, se prepara añadiendo a la infusión o la decocción, una cantidad importante de azúcar, que puede llegar hasta el 70%.

La Tintura se obtiene macerando durante 5 a 10 días, una parte de sustancias medicinales secas, reducidas a polvo, en cuatro partes de alcohol.

No olvidemos el jugo que se extrae de modos diversos, según el caso. Y tampoco los vinos medicinales, que se obtienen derramando vino sobre plantas o hierbas, en un recipiente de cristal, dejando que todo ello se macere, agitándolo de tanto en tanto, y filtrándolo luego.

Finalmente las tisanas que no son más infusiones, decocciones o maceraciones preparadas con mucha agua y poca cantidad de plantas, de forma que se las puede emplear como bebidas corrientes.

A continuación irás encontrando las entradas por nombre de enfermedades, y en ellas  las plantas aconsejadas para tratarlas con su respectivo modo de empleo.
Espero que te sean de utilidad.

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